El mayor problema de Río 2016

Los Juegos Olímpicos de Río de Janeiro arrancaron con las discrepancias sobre las instalaciones que poseían. El estado deficitario de ellas o llegar a los primeros días de competición sin la finalización de parte de las infraestructuras fueron punto de partida de las críticas.




Sin embargo, estas dificultades que han tenido los cariocas han quedado en segundo plano. Muchos de los deportistas se han quejado por el que es el principal problema en estos Juegos: la falta de respeto de los aficionados brasileños. Es conocido por todos que este periodo deportivo destaca por la tolerancia, el respeto, la educación entre propios deportistas, que viven unos al lado de otro en la Villa Olímpica, y entre los aficionados y los atletas. Los asistentes a las competiciones parecen desconocer estos principios.

Muchos de los deportes que se practican en los Juegos Olímpicos requieren de gran concentración, por lo que no puede haber ruidos, incordios hacia los deportistas… Y esto los brasileños no lo han captado. Abucheos, celebraciones por fallos y una infinidad de malos actos por su parte que ha provocado que muchos de los deportistas se quejen de ello. Un claro ejemplo es el de nuestro gran tenista Rafael Nadal. En su partido contra el brasileño Thomaz Bellucci se quejó de la actitud de los seguidores brasileños, reclamando la intervención del juez de silla y, en su último partido por la medalla de bronce, pidió “un poquito de por favor” a los ruidosos e inquietos aficionados cariocas.

Parece ser, que en Brasil van a tener que interiorizar a partir de ahora qué es el respeto por el rival. Se puede no animar a tu “enemigo”, pero lo que no es viable es intentar que tu contrincante fracase por las continuas faltas de educación que se perciben en los seguidores del país sudamericano. Es algo ético y moral. Apoya a tus atletas, pero no ataques moralmente a tu rival.

Bueno, seguro que en un futuro esto cambiará y no caeremos en lo mismo, porque los seres humanos seremos capaces de no tropezar con la misma piedra dos veces, ¿no?

Rubén Gordillo Rodríguez

También podría gustarte Más del autor

Deja una respuesta

Su dirección de correo electrónico no será publicada.